Sobre el yacimiento ibero-romano de la Cabeza Baja. Intervienen Marcelo
Castro director del conjunto arqueológico de Castulo y Francisca
Hornos Mata, Directora del museo arqueológico provincial. Fue por el año 1986 cuando tuvieron lugar las excavaciones
encontrándose numerosos restos como la estatua de la diosa Minerva.
En
la investigación histórica a veces el azar guiña tardío, a destiempo.
En ocasiones las imágenes más valiosas aparecen después de publicar los
libros, y no antes. Tal es el caso de una insólita fotografía que ha
caído en mis manos por gentileza del castillero Moisés Gallardo Pulido.
Una imagen que es más, mucho más, que un simple retrato de época. Si a
la escasez gráfica de posguerra sumamos que los que posaron eran
proscritos en búsqueda y captura y que el fotógrafo hizo la instantánea
de forma clandestina en el año de mayor represión contra ellos, la
imagen se convierte en un valiosísimo documento gráfico. No solo por lo
que muestra, también por su contexto implícito constituye toda una
crónica de la lucha guerrillera antifranquista como movimiento
sociopolítico. Pero al mismo tiempo es una trampa mortal para los
posantes si el retrato llegase a caer en manos del enemigo, como así
fue.
La imagen recoge a una docena de hombres armados de aspecto
humilde ataviados con pantalones de pana, camisas y boinas. Posan
exhibiendo distintas armas, fundamentalmente escopetas de caza, cananas,
algún fusil y pistolas de la guerra civil. Algunos penden en sus cintos
bombas de mano de fabricación casera (se fabricaban clandestinamente en
la fábrica de los Funes de Alcaudete con dinamita “distraída” de las
minas de El Cetenillo). Podría ser uno de tantos posados grupales de no
ser porque se trata de la guerrilla del hombre más buscado por la
Guardia Civil en la provincia de Jaén en los años cuarenta. Tomás Villén
Roldán, más conocido por “Cencerro”, posa desafiante en el centro de la
imagen, con un fusil en la siniestra y apuntando a la cámara con una
pistola. Sus sienes plateadas le delatan como hombre maduro (tenía 43
años). Por entonces ya se había puesto precio a su cabeza como un líder
antifascista hábil y escurridizo que trajo en jaque a la Guardia Civil
desde la conclusión de la guerra hasta 1947. A su fascinante biografía
dediqué una de mis obras: Cencerro, un guerrillero legendario (Adsur,
2010).
Cada componente de la fotografía está enumerado a mano y
algunos están marcados con una “X” conforme eran abatidos semanas
después. Al dorso alguien escribió una relación de nombres. En cuanto vi
la fotografía supe que la imagen debió ser intervenida a algún
guerrillero y utilizada para identificar al resto del grupo. Me he
topado con fotografías similares en procesos sumarísimos de la dictadura
y en los atestados e informes de la Guardia Civil de aquellos años. ¿A
quién se le intervino? Tras consultar mi archivo y diversas fuentes,
llegué a la conclusión de que esa fotografía, junto a otras que aún no
han visto la luz, fue incautada por la Guardia Civil de Alcalá la Real
el 1 de noviembre de 1946. Aquel día cercaron a un grupo de hombres de
“Cencerro” en el barranco alcalaíno conocido como Valenzuela. En el
tiroteo fueron muertos tres izquierdistas que llevaban pocas semanas en
el monte. Se trata del jiennense Diego García Gómez, “Chirri”,
colaborador de “Cencerro” y responsable local de las Juventudes
Unificadas Socialistas. Se había unido a la guerrilla un mes antes, en
julio de 1946, tras la redada contra un comité clandestino en la
capital. Los otros dos eran los hermanos Juan y Carlos Rivera Jiménez,
“Riverillas”, naturales de Albolote (Granada), enlaces que aquel verano
huyeron de los interrogatorios y las torturas. A los muertos se les
intervino: “tres pistolas, una carabina Remigton, cuatro cargadores,
unos prismáticos, un cuchillo de monte, un reloj, 5.950 pesetas, así
como propaganda política clandestina, fotografías y documentación
procedente de Jaén y Granada” (Sánchez Tostado, 2010, pág. 188). Entre
las fotografías intervenidas estaba la imagen que comentamos en el
presente artículo.
Por los detalles de la indumentaria, las
fechas de incorporación de algunos de los personajes que aparecen en la
imagen, y las datas de la muerte de cada uno de ellos, llego a la
conclusión de que tan singular fotografía fue tomada, sin ninguna duda,
en los últimos días de agosto o primeros de septiembre de 1946. Se
realizó en el cortijo de algún enlace de la Sierra Sur y se aseguraron
de que no saliera de fondo ningún elemento o paraje identificativo. Sin
embargo, la relación nominal escrita al dorso está llena de
imprecisiones y errores. Hay apellidos y apodos equivocados y falta por
identificar a otros. Me he permitido completar el listado y corregir los
errores incluyendo una breve información complementaria de cada uno de
ellos:
1. Tomás Villén Roldán “Cencerro”. Jefe de la guerrilla.
Natural y vecino de Castillo de Locubín. Antiguo concejal del PCE y
presidente de la Casa del Pueblo. Temiendo ser fusilado, se echó al
monte tras huir de la prisión de Alcalá la Real en 1940. Fue muerto por
la Guardia Civil en Valdepeñas de Jaén el 17 de julio de 1947.
2.
Juan Rivera Jiménez “Riverilla”. Natural y vecino de Albolote
(Granada). Se unió a la guerrilla de “Cencerro” en el verano de 1946.
Muerto por la Guardia Civil el 1 de noviembre de 1946 en el término de
Alcalá la Real.
3. Carlos Rivera Jiménez “Jeromo”. Muerto por la
Guardia Civil junto a su hermano Juan y el “Chirri” el 1 de noviembre de
1946 en Alcalá la Real.
4.Manuel Jaén Bravo “Formal”. Vecino de
Castillo de Locubín, amigo y enlace de “Cencerro”. Se unió a la
guerrilla en el verano de 1944. Fue muerto por la Guardia Civil el 25
de abril de 1947 junto a Ramón Jiménez Contreras “Pena”, en el término
de Santiago de Calatrava.
5. Adriano Callado Cortés (“Zoilo”).
Natural de Escañuela, vecino de Castillo de Locubín y amigo de
“Cencerro”. Junto a “Formal” se unió a la guerrilla en el verano de
1944. Fue muerto por la Guardia Civil a las afueras de Jaén (Fuente de
la Peña) junto a Antonio Larubia Expósito “Payuso” el 5 de enero de
1948.
6. Antonio Muñoz Rivera (“Muñoz”). Natural de Linares y
vecino de Mures (Alcalá la Real). Se unió a la guerrilla el abril de
1946 junto a “Piñero”. Fue muerto el 10 de diciembre de 1947 en una
emboscada de la Guardia Civil en Noalejo junto a “Piñero”, “Paquete” y
“Juanico”.
7. Antonio Larubia Expósito (“Payuso”). Enlace de
Cencerro, casero del cortijo “Las Mangas” (Martos). Se unió a la
guerrilla tras el asalto de la Guardia Civil al cortijo “Las Torres” el
28 de julio de 1946. Junto a “Zoilo”, fue muerto a tiros en Jaén el 5 de
enero de 1948.
8. José Antonio Gálvez Prieto (“Paquete”).
Natural de Tiena (Granada), próxima a la aldea granadina de Olivares. Se
unió a Cencerro en verano de 1946. Fue muerto por la Guardia Civil
junto a “Juanico”, “Piñero” y “Muñoz” en Noalejo, el 10 de diciembre de
1947.
9. Antonio Fajardo Sánchez (“Piñero”. Natural de Piñar
(Granada) y vecino de la aldea de Mures (Alcalá la Real). Se unió al
grupo en abril de 1946. Muerto por la Guardia Civil en Noalejo el 10 de
diciembre de 1947 junto a “Paquete”, “Muñoz” y “Juanico”.
10.
Francisco Ibáñez Molina (“Recovero”). Natural y vecino de Castillo de
Locubín, amigo de “Cencerro”. Se echó al monte en el verano de 1944.
Muerto por la Guardia Civil el 11 de septiembre de 1946 a las afueras de
Castillo de Locubín.
11. José García Líndez (“El Niño”). Se unió
a la guerrilla en 1946. Fue muerto por la Guardia Civil, junto a “Rubio
Ollero” en el cortijo “Los Nonos” (Valdepeñas de Jaén) el 9 de enero de
1948.
12. Juan Martín Maqueda García “Juanico”. Natural de
Benalúa de las Villas (Granada). Procedía de la guerrilla granadina de
“Ollafría” y se unió a “Cencerro” tras el asalto en las Ventas del
Carrizal en septiembre de 1945. Fue muerto por la Guardia Civil, junto a
“Paquete”, “Muñoz” y “Piñero” en Noalejo, el 10 de diciembre de 1947.
¿Por
qué “Cencerro” decidió llamar a un fotógrafo y hacer un posado tan
comprometido? La decisión responde a momentos de cierta euforia tras la
victoria de los países aliados en la II Guerra Mundial, la caída del
nazismo y el fascismo italiano y el aislamiento internacional del
régimen franquista. La Resistencia aguardaba una inminente intervención
militar aliada en España con la incorporación de miles de guerrilleros y
combatientes republicanos desde el exilio francés a los que debía
unirse el levantamiento de un campesinado oprimido. “Cencerro” era un
líder respetado en la comarca con una extensa red de colaboradores.
Pocos días antes de esa fotografía, el 28 de julio de 1946, su guerrilla
tuvo un éxito en el cortijo “Las Torres” (Martos), donde celebraron una
asamblea clandestina con el comité comarcal del PCE y la Unión Nacional
Española (UNE). Por la noche, una compañía de guardias civiles cercó el
cortijo y, tras un intenso tiroteo, todos los maquis escaparon ilesos
por un túnel soterrado que construyeron tiempo atrás para facilitar la
huida de la base ante una emboscada. La operación fue un fracaso para la
Guardia Civil que sufrió cuatro heridos. El teniente coronel Luis
Marzal montó en cólera y juró vengarse.
A esas alturas “Cencerro”
ya era un mito. Sus comentadas y espectaculares acciones, generalmente
secuestros y atracos a terratenientes y latifundistas, tuvieron como
objetivo financiar la resistencia antifranquista, constituir comités
clandestinos del PCE y ayudar a las viudas de fusilados y represaliados
de la dictadura, que atravesaban por momentos de gran miseria por la
crisis económica de posguerra y la represión política contra los
vencidos.
Con las nuevas incorporaciones y la esperanza de un
cambio de régimen que creían inminente, “Cencerro” autorizó el posado
fotográfico de los guerrilleros y la exhibición de sus armas como una
demostración de fuerza y como testimonio de aquella lucha heroica,
además de mostrarla orgullosos en los tajos a fin de recabar apoyos y
militancia para el levantamiento popular que se avecinaba.
Ilusión
vana pues, con el comienzo de la Guerra Fría, Inglaterra y EE UU
prefirieron que Franco continuara en el poder antes de que España se
convirtiera en un satélite soviético ante el carácter marxista de las
organizaciones que controlaban el Frente Popular. Permitieron que el
caudillo prosiguiera sus matanzas.
Los guerrilleros, abandonados a
su suerte en los montes, fueron exterminados uno a uno. Los integrantes
de esta curiosa fotografía fueron muertos a tiros en meses sucesivos.
No hubo supervivientes.Tachados por el régimen como “bandoleros”, esta
guerrilla se mantuvo activa hasta 1948 con un terrible balance de 86
muertos (8 del bando franquista y 78 del bando guerrillero y sus
apoyos), además de 535 encarcelados.
Famosas desde la Edad Media e incluso antes. De ellas se abastecía Alcalá la Real y otros núcleos de la Abadía. Denominadas así porque el barranco del Arroyo el Salado está justamente debajo de la cañada de Fílique. Al lado de la salina el cortijo del Salinero. Y si seguimos más adelante nos encontramos con "el portillo del Salinero". En 1649 el Consejo de Hacienda expidió una Real Carta ejecutoria a favor de la Ciudad de Alcalá la Real donde el administrador de Salinas de Andalucía tuviese la potestad de fabricar sal "en las de Fílique, término de la villa de Castillo de Locubín". Por dicho aprovechamiento se debía pagar a "los Propios" de Alcalá (a los que pertenecía) 1210 reales de vellón al año. Casi siempre fueron administradas por el cabildo municipal alcalaíno mediante un toldero o administrador. Se dieron numerosos conflictos en la época por gestión fraudulenta ya que su negocio podría resultar muy rentable en determinados periodos.
" I Verdaderamente, vivo en tiempos sombríos. Es insensata la palabra ingenua. Una frente lisa revela insensibilidad. El que ríe es que no ha oído aún la noticia terrible, aún no le ha llegado.
¡Qué tiempos éstos en que hablar sobre árboles es casi un crimen porque supone callar sobre tantas alevosías! Ese hombre que va tranquilamente por la calle ¿lo encontrarán sus amigos cuando lo necesiten?
Es cierto que aún me gano la vida Pero, creedme. es pura casualidad. Nada de lo que hago me da derecho a hartarme. Por casualidad me he librado. (Si mi suerte acabara, [estaría perdido). Me dicen: «¡Come y bebe! ¡Goza de lo que tienes!» Pero ¿cómo puedo comer y beber si al hambriento le quito lo que como y mi vaso de agua le hace falta al sediento? Y, sin embargo, como y bebo.
Me gustaría ser sabio también. Los viejos libros explican la sabiduría: apartarse de las luchas del mundo y transcurrir sin inquietudes nuestro breve tiempo. Librarse de la violencia. dar bien por mal, no satisfacer los deseos y hasta olvidarlos: tal es la sabiduría. Pero yo no puedo hacer nada de esto: verdaderamente, vivo en tiempos sombríos.
II
Llegué a las ciudades en tiempos del desorden, cuando el hambre reinaba. Me mezclé entre los hombres en tiempos de rebeldía y me rebelé con ellos. Así pasé el tiempo que me fue concedido en la tierra. Mi pan lo comí entre batalla y batalla. Entre los asesinos dormí. Hice el amor sin prestarle atención y contemplé la naturaleza con impaciencia. Así pasé el tiempo que me fue concedido en la tierra.
En mis tiempos, las calles desembocaban en pantanos. La palabra me traicionaba al verdugo. Poco podía yo. Y los poderosos se sentían más tranquilos, sin mí. Lo sabía. Así pasé el tiempo que me fue concedido en la tierra.
Escasas eran las fuerzas. La meta estaba muy lejos aún. Ya se podía ver claramente, aunque para mí fuera casi inalcanzable. Así pasé el tiempo que me fue concedido en la tierra.
III
Vosotros, que surgiréis del marasmo en el que nosotros nos hemos hundido, cuando habléis de nuestras debilidades, pensad también en los tiempos sombríos de los que os habéis escapado.
Cambiábamos de país como de zapatos a través de las guerras de clases, y nos desesperábamos donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra ella. Y, sin embargo, sabíamos que también el odio contra la bajeza desfigura la cara. También la ira contra la injusticia pone ronca la voz. Desgraciadamente, nosotros, que queríamos preparar el camino para la amabilidad no pudimos ser amables. Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos en que el hombre sea amigo del hombre, pensad en nosotros con indulgencia. "
Bertolt Brecht, Poesías escritas durante el exilio.
Una de las pocas joyas de orfebrería que conserva nuestra Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol es la custodia de plata del siglo XVII, obra del platero Jerónimo de Morales en la que participó el arquitecto Juan de Aranda. Conservamos en el Archivo Histórico Provincial de Jaén la escritura por la que Jerónimo se compromete a hacer este trabajo para antes de mayo de 1637. Y, efectivamente, en la custodia reza esta inscripción: "Año de 1637. Se acabó con la limosna de la Villa del Castillo, siendo mayordomo P. Fernández de Santisteban". 1637, 11 de febrero: Custodia de plata sobredorada para Castillo de Locubín. Jerónimo de Morales, platero, otorga que se obliga a hacer una custodia de plata sobredorada en la forma que está dibujada en un pliego de papel y firmada de él y de Juan de Aranda Salazar, la cual ha de pesar hasta 22 marcos de plata, poco más o menos, y la ha de estar hecha y acabada en toda perfección para el primer día de mayo del presente año de 1637, y la entregará para la cofradía del Santísimo Sacramento de la villa del Castillo de Locubín, en concreto, a Pedro Fernández de Santisteban, su mayordomo. Se le ha de pagar por cada marco la cantidad que Juan de Aranda concertare, que no excederá de los 67 reales de vellón por cada marco de oro y henchura (un marco es igual a media libra o 230 gramos). A cuenta recibe de Juan de Aranda, por poder que le tiene dado el mayordomo, 400 reales en vellón. Juan de Aranda, que se haya presente, acepta la escritura de esta custodia de plata, que no ha de exceder de 22 marcos de peso (un poco más de 5kgs) (AHPJ. Legajo número 1.467. Salvador de Medina. Folios 20 y 23). Rafael Galiano Puy: Datos para una biografía del arquitecto Juan de Aranda Salazar (1590?-1654). Elucidario Nº 3 (Marzo 2007). Págs. 355 a 379.
Procesión del Corpus por la calle Collados. Junio de 1960. Imagen de mi archivo fotográfico.
El capitán Artiaga (o Arteaga, apellido de origen vasco), ilustre
caballero vizcaíno natural de Osuna(Sevilla), fue regidor de la
Ciudad de Alcalá la Real entre 1568-1574.Renuncia en su cuñado
Pedro de Rueda. Hijo y nieto de Hidalgos y caballeros de Alcalá.
Casado con Doña Isabel de Leyva y Aranda1.
Destacó en la lucha contra la sublevación morisca, La Guerra de las
Alpujarras. Momentos antes de partir hacia Granada, agosto de 1570,
dejó hecho testamento donde se incluye la cláusula de fundación
del Hospital de la Madre de Dios "para curar en él a los pobres
enfermos naturales y extranjeros que obiere en esta villa, y a ella
vinieren, e no a los tales sanos porque entre ellos hay mucha gente
desvergonzada y de mal vivir, y estos tales no quiero que gocen de
refugio del dicho Hospital, sino de los pobres enfermos".
En la imagen podemos apreciar el escudo de Martín de Artiaga,
situado a la derecha de la entrada de actual a nuestro Ayuntamiento,
antiguo Hospital.
Quisiera agradecer a al historiador y académico F. Martín Rosales
la ayuda e información recibida sobre este personaje tan importante
en la historia de Castillo de Locubín. A continuación, damos a
conocer la transcripción del testamento. Se trata de una copia de
mediados del siglo XIX que realizó el abogado José Parera Rico,
cuyo original forma parte de mi archivo personal.
TESTAMENTO DE MARTÍN DE ARTIAGA. AÑO DE 1570.
Cabeza
del testamento.
En el nombre de Dios todopoderoso y de la
gloriosa siempre virgen Nuestra Señora Santa María su bendita
Madre, con todos los Santos y Santas de la Corte Celestial; notorio e
manifiesto sea a todos los que la presente vieren como yo Martín de
Arteaga, Regidor, vecino que soy de la noble y mui leal ciudad de
Alcalá la Real, llave, guarda e defendimiento de los Reynos de
Castilla, otorgo y conozco y Digo: Que por cuanto yo voy al Servicio
de Dios Nuestro Señor y de S. M con la gente que S. M. manda
levantar de la dicha ciudad de Alcalá y de esta villa del Castillo
para la guerra del Reyno de Granada, y no se lo que nuestro Sr. sera
servido de disponer de mi en la dicha jornada; por tanto por la
presente mando, quiero, y es mi voluntad que si nuestro Sr. fuere
servido de disponer de mi en la dicha jornada, mi cuerpo sea traído
a la Iglesia de San Pedro Apóstol de esta dicha villa en la cual
quiero que esté depositado el entretanto que se hace una capilla en
la dicha Iglesia en la parte que la dicha Doña Isabel, e yo tenemos
tratado, que es encima de la Capilla donde al presente se sienta Doña
Úrsula de Aguilar porque de allí cara arriba hacia la Capilla de
Bernardo de Aranda el me hizo merced por mandado del Sr. D. Diego
Dávila, Abad de esta Abadía, la cual mando que se labre y aderece a
costa de mis bienes y de la dicha Isabel mi mujer, para lo cual yo
mando que mis Albaceas adjudiquen de la renta de mis bienes y de la
dicha Doña Isabel treintamil maravedís de renta en cada uno año
para un Capellán que diga Misa en cada un día para siempre jamás
por nuestras ánimas, e de nuestros difuntos, la cual dicha renta
quiero que si yo falleciere en la dicha jornada se haga e compren los
dichos treintamil maravedís de la dicha renta para el dicho Capellán
en los mejores e más bien parados que a la dicha Doña Isabel e a
las demás personas que yo declare por este mi Testamento les
pareciere, y para ello quiero y es mi voluntad se guarde la orden que
yo señalaré por este mi testamento.
Cláususa de
fundación.
Quiero y es mi voluntad que por que la dicha Doña
Isabel mi mujer, e yo tenemos platicado entre nosotros de fundar de
mis bienes e suyos un Hospital a honor y reverencia de Dios nuestro
Sr. y de su bendita Madre, el cual siendo nuestro Sr. servido ha de
ser en las casas en que de presente vivimos, por tanto, mando que
todos mis bienes los tenga en sus días la dicha Doña Isabel mi
muger, no casándose segunda vez, la cual goce de los furtos de los
dichos mis bienes, e suyos con que de ellos compre los dichos treinta
mil maravedís de renta que yo quiero sea paquien a la dicha
Capellanía, la cual yo quiero que se funde en la dicha Iglesia de
Sr. San Pedro desta dicha villa para que el Capellán o Capellanes
que la tubieren digan cada un día Misa por nuestras Ánimas de los
días y festividades con que se digeren y demás compre de las dichas
rentas si vastaren una heredad que quede vinculada para que de la
renta de ella se digan e celebren en la dicha Yglesia las fiestas de
Nuestra Señora, que son nueve las mas principales de las fiestas de
nuestra Señora y la fiesta de Sr. San Juan Bautista y la fiesta de
S. Miguel Arcángel en los días que cada fiesta cayere, o en su
octava por las cuales se paguen la limosna acostumbrada: y si por
caso no vastaren las rentas de los dichos nuestros bienes para
comprar la dicha renta de Capellanía, y memoria de fiestas, mando
que se saquen de los principales della para comprar la dicha heredad,
o sea de las que al presente poseemos, y porque como tengo dicho el
Capellán o Capellanes de nuestra Capellanía ha de decir cada día
misa del día no hago declaración en los días dellas; mas de que
quiero que los Viernes sean las dichas misas de pasión, y las demás
de los días y festividades que cayeren, con que los libre sean de
Purgatorio; y para ello, y para que sea primero Capellán de la dicha
Capellanía yo señalo desde luego a Juan de Artiaga que es un niño
que la dicha Doña Isabel e yo criamos por amor de Dios el cual al
presente tenemos en el estudio con el Sr. Bartolomé de Sigura,
Clérigo y después del por que nosotros havemos criado a Juana y
Polonia y las tenemos en nuestra casa, quiero y es mi voluntad que si
las susodichas se casaren y tubieren hijos de legítimo matrimonio
que el hijo que de la dicha Polonia quisiere ser Clérigo subceda en
la dicha Capellanía el de la dicha Juana nuestra criada queriendo
ser Clérigo como está dicho, y si por caso esto faltare subceda en
la dicha Capellanía el Clérigo o Clérigos que los Patrones quel
llame irán declarados quisieren, los cuales con voluntad de la dicha
Isabel mi muger yo desde luego nombro a Pedro de Pineda, mi sobrino,
a Luis Alfonso de Aranda, hijo del Señor Pedro de Aranda Escabias,
mi cuñado y de Doña Francisca, su mujer, los cuales en fin de sus
días no tiniendo hijos puedan por sus testamentos nombrar a quien
ellos quisieren por Varones con que no salgan de nuestro linage
porque esta es nuestra voluntad, y porque la heredad que ha de quedar
vinculada para las fiestas que tengo declaradas han de ser cosa
honorosa de manera quel posehedor de ella tenga aprovechamiento
quiero, y es mi voluntad que las rentas de los dichos nuestros bienes
o del principal de ellos se saquen ducientos y cincuenta ducados los
cuales empleen en una heredad la más aprovechada que a la dicha mi
muger, e a los demás pareciere, y de las rentas de ella se digan las
dichas fiestas para siempre jamás, la cual dicha heredad tenga en
sus días el dicho Luis Alfonso de Aranda, esto se entiende en fin de
los días de la dicha Isabel, porque en sus días ella ha de gozar de
todo y hacer decir las dichas fiestas auqnue la dicha heredad no esté
comprada por que de presente ella, e yo las cumplimos; y si el dicho
Luis Alfonso tuviere hijos legítimos ellos subcedan en la dicha
memoria de mayor en mayor, prefiriendo los varones a las hembras, y
si por caso el dicho Luis Alfonso no tubiere hijos de legítimo
matrimonio en quien subceda la dicha memoria, mando que subceda en
ella el dicho Pedro de Pineda, mi sobrino para la dicha orden él y
sus herederos para siempre jamás, y para el hacer cumplir de las
dichas fiestas que se han de decir en la Iglesia de Señor San Pedro,
yo desde luego nombro y por Patrones a los Beneficiados que son o
fueren de la dicha Iglesia; y porque después de nuestros días el
dicho Capellán ha de decir por nuestras ánimas misa cada día es mi
voluntad que después que la dicha nuestra casa estubiere adjudicada
y fuere hospital como tengo dicho quiero y es mi voluntad quel tal
Capellán sea obligado a decir misa en el dicho Hospital los días
cada una semana para que los enfermos que en el estubieren, y gente
que en el sirviere sean consolados, los cuales dichos díasn sean
Viernes y Domingo para siempre jamás, y quiero y es mi voluntad que
si el dicho Hospital que así se fundare de los dichos mis bienes, e
de la dicha Isabel mi muger no acojan pobres sanos ni mendicantes,
sino que solamente sea para curar en el a los pobres enfermos
naturales y extranjeros que obiere en esta villa, y a ella vinieren,
e no a los tales sanos porque entre ellos hay mucha gente
desvergonzada y de mal vivir, y estos tales no quiero que gocen de
refugio del dicho Hospital, sino de los pobres enfermos, los cuales
en tiniendo salud los despidan del dicho Hospital para que den lugar
a que entren otros que tengan de ello necesidad para los cuales haya
camas, medios, y medicinas, y todo lo necesario para todo lo cual
quiero y es mi voluntad que el dicho Hospital tenga renta en cada un
año de mis bienes, y de la dicha mi muger sesenta mil maravedís por
los cuales se gasten en el servicio y reparos del dicho Hospital con
toda cuenta y razón de manera que nuestro señor sea dello servido,
y los enfermos recivan caridadel cual dicho Hospital se funde con las
demás condiciones que a la dicha mi muger, e los demás mis Alvaceas
les pareciere juntamente con ella, o sea de la advocación de la
Madre de Dios sy si por caso en esta dotación obiere alguna falta
quiero que se enmiende con parecer de personas sabias y con
consentimiento de la dicha Doña Isabel mi muger e que los enmendaren
sean Teólogos y personas de buena vida y conciencia porque esta es
mi voluntad que así se haga e cumpla.
Pie de testamento.
E
revoco, e doy por ningunos todos los testamentos, mandas, codicilos
que yo haya fecho antes de este por escrito o de palabra o en otra
cualquier manera que quiero que no valgan salvo este que yo agora
hago que quiero que se cumpla como en el se vé: en testimonio de lo
cual otorgué la presente Escritura ante el escribano público e
Testigos juro scriptos en cuyo registro lo firmé de mi nombre que es
fecha y otorgada en la dicha villa del Castillo de Locubín a nueve
días del mes de Agosto, año del nascimiento de nuestro Salvador
Jesu Cristo de mil quinientos e setenta años, testigos que fueron
presentes de al otorgamiento de esta Escritura llamados e rogados,
García Espinosa, Pedro de Écija, e Mateo García de Herrera, e
Antón Martínez de Vivoras e Cristóbal Ruiz Hidalgo, vecinos de la
dicha villa del Castillo de Locubín. Martín de Artiaga. Ante mi:
Pedro de Contreras, Escribano público.
MOISÉS GALLARDO PULIDO.
11.
Doña Isabel de Leyva y Aranda, hija de D. Pedro de Aranda y Doña
Guiomar de Esvavias y hermana del capitán Pedro de Aranda y
Escavias contrajo matrimonio dos veces. La primera con el capitán
Martín de Arteaga. No tuvieron hijos. Por fallecimiento de Artiaga
dejaron muchos bienes, mandas y limosnas. Por su testamento una
fundación de hospital para curar enfermos habilitando para ello sus
mismas casas. Isabel, una vez viuda, contrajo matrimonio con el
capitán Luis Álbarez de Sotomayor, hijo mayor de F. Álbarez de
Sotomayor y de Juana Alarcón.