martes, 17 de marzo de 2020

Sobre el veterinario Francisco Castillo Extremera


Francisco Castillo Extremera con su esposa Victoriana Pereña. Del cuerpo nacional de veterinaria con destino  a la aduana de Port-Bou el día 2 de Julio de 1936 regreso a Castillo de Locubin acompañado de su esposa e hija Maria Dolores Castillo Pereña. Ambos tenían 68 y 63 años, respectivamente, y su hija 19.
Hacia más de veinte años  que "Paco" no visitaba su pueblo. Su fin "cumplir una promesa a  la venerada imagen de Nuestro Padre Jesús por haberle sacado de una enfermedad muy grave de la que fue víctima a fines de 1934" .
Allí conoció a paisanos, parientes y amigos, entre ellos al abogado d. Manuel Peinado Chica, dirigente de la alianza republicana socialista de Castillo de Locubin, amigo íntimo del ministro d. Fernando de los Ríos y en estrecha relación con  su hermano el médico y diputado a cortes d. Federico Castillo Extremera y sus hijos, llegando a presidir la sociedad de amigos de la URSS en Jaén capital. 
En Castillo de Locubin les sorprendió el golpe fascista del 18 de Julio y fueron testigos tanto el como su mujer de las amenazas que sufrió el abogado por evitar el asesinato de ciertos personajes derechistas del municipio.

Moisés Gallardo Pulido 

miércoles, 11 de marzo de 2020

El maestro d. José López Galindo con sus alumnos


Imagen del maestro d. José López Galindo con sus alumnos. De finales de los años veinte o principios de los 30.

Empezando desde arriba y de izquierda a derecha.
La fotografía es de finales de los años veinte. Mi agradecimiento a Juan Jiménez por aportarme la información en su día. 
M. Gallardo Pulido. 


Primera fila:

Antonio Peñalver Contreras, Antonio Lara González, Juan Contreras Aranda, Fernando González Rodríguez, Ramón Peinado Collado, Manuel Peñalver Castillo, Miguel Collado Castillo, Eduardo Lara Sevilla.

Segunda fila:

Manuel Molina Villén, Miguel Zafra Merino, Miguel Escribano Olmo, José Jaén López, Manuel Bravo Castillo, Francisco Escribano Olmo, Daniel Ruiz Sevilla, Manuel Zafra Castillo, José Peinado Peinado

Tercera fila:

Eugenio Siles Jaén, José González García, Antonio Jaén Bravo, Juan López Castillo, Daniel Castillo Peñalver, Miguel Olmo Bravo y Miguel Izquierdo Roldán.

Cuarta fila:

Francisco Román Contreras, Francisco Morales Peñalver, Francisco Olmo Sánchez, Antonio Izquierdo Roldán, el maestro D. José López Galindo, Edmundo Baeyeus López, Ángel Peinado Ruano y José María Contreras Medina.

Quinta fila:

Juan Contreras Medina, José Gallardo Castillo, Isidro González Rodríguez, Rafael Castillo Jamilena, Rafael Pereira Ruiz, Manuel López y López, José Extremera Rueda, José Peinado Peñalver y José Olmo Galán.

viernes, 6 de marzo de 2020

LEÓN CARLOS ÁLVAREZ LARA, PARLAMENTARIO ANDALUZ.



Moisés Gallardo Pulido.

El  ilustre paisano León Carlos nació el día 25 de abril de 1884 en la casa-esquina de la antigua calle d. Martín de Arteaga, actualmente Hispanidad. Sus padres Ezequiel Álvarez Castillo y María Lara formaron una prolífica familia. Entre sus hermanos destacar al teniente de Infantería d. Rodolfo y a  d. Rafael Álvarez Lara, obispo que fue de las diócesis de Guadix y Palma de Mallorca, así como hijo adoptivo de Castillo de Locubín en 1967. Contrajo matrimonio con Encarnación Álvarez Ruiz con la que tuvo varios hijos: Encarnación, Carmen, León Carlos, María Lourdes y Josefina.
A lo largo de su trayectoria se convirtió en un reconocido abogado, propietario, empresario, periodista y político español que destacó durante el periodo de la Segunda República. Descendiente de la popular saga de escribanos “Álvarez de Morales”, una de las familias más influyentes de la élite local de Castillo de Locubín que a lo largo de la Edad Moderna destacaron en los pleitos de independencia y separación de la villa con respecto a la ciudad de Alcalá la Real.
El joven León Carlos junto a su hermana Isabelita con el traje tradicional de Castillo de Locubin.

Una vez que finalizó sus estudios de Bachillerato en Jaén capital paso a estudiar Derecho en la Universidad de Granada donde obtuvo la licenciatura en 1916. Desde muy joven se despertó en él una enorme inquietud por la política y la situación de la agricultura. En 1913 aparece como Secretario de la Juventud Conservadora de Castillo de Locubín, participando con ponencias y artículos en la prensa, obteniendo un premio en un concurso convocado por el periódico “España” con el trabajo titulado “La bandera de la juventud conservadora” que leyó en el acto de exaltación patriótica y jura de bandera celebrado el domingo 13 de abril de aquel año en los salones de la juventud conservadora de Madrid, siendo presidido por el ministro José Sánchez Guerra. Posteriormente participó con publicaciones en el periódico conservador “La Regeneración”. Durante la etapa de la Dictadura de Primo de Rivera fue nombrado diputado provincial y vicedirector de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Jaén. Pero su labor política alcanzó su apogeo con la llegada de la Segunda República siendo uno de los miembros fundadores y vicepresidente de la Federación Provincial de Labradores de la Tierra, organización patronal opuesta los proyectos de reforma agraria del primer bienio republicano (1931-33). 
Como abogado fue asesor jurídico de las Cámara Agrícola y de Comercio y del Colegio de Agentes comerciales y representante por Jaén en la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Continuando su labor periodística en 1932 participó en la fundación del principal órgano de prensa de la patronal agraria andaluza, el diario “La Mañana”.
En las elecciones generales del mes de Noviembre de 1933, que dieron el triunfo a las derechas, fue incluido en la candidatura del Bloque Republicano-Agrario por la provincia de Jaén, conformada por la CEDA, el partido republicano radical de Lerroux y la Federación Provincial de Labradores, que él mismo presidía junto al abogado José Cos Serrano. Finalmente fue elegido diputado a Cortes con 140.116 votos (53% de los emitidos) llegando a ocupar el puesto número siete de los trece diputados que se presentaron por la circunscripción de Jaén. Su adscripción política fue la de “agrario independiente” como así declaro en su alta como diputado. Juró el cargo el día 28 de diciembre de 1933 causando su baja un mes antes de las elecciones de febrero de 1936.
Durante este periodo fijo su residencia en el Hotel París de  Madrid. Al poco tiempo ingresó en las filas del Partido Agrario dirigido por José Martínez de Velasco. Durante el Bienio Negro (sobre todo durante 1934 y 1935) participó en numeroso actos de organización y propaganda del partido agrario por la región andaluza. Célebres fueron sus mítines en las ciudades de Málaga, Granada y Jaén, campañas reseñadas en la prensa conservadora de la época: El diario El Debate y en el órgano del partido, la Revista “Horizontes”. En una de las concentraciones multitudinarias se hicieron muy famosas sus palabras: “(…) Que a mi no me gusta la olla de parva, y como a mi no me gusta la olla de parva, que la echen a la cuadra”. También alcanzó la secretaría y presidencia de la Comisión de Agricultura, perteneciendo además a las comisiones de Incompatibilidades, Justicia y en calidad de suplente a la de Instrucción Pública.
Leon Carlos en una reunión de la minoría parlamentaria del PAE durante el llamado Bieno Negro. Aparece marcado  con una cruz.

No cabe la menor duda de que el abogado León Carlos se convirtió en uno de los más activos parlamentarios andaluces, junto al médico y paisano, también diputado, d. Federico Castillo Extremera, interviniendo en debates, ruegos, proposiciones y votos particulares. Famosa fue su intervención en  la sesión parlamentaria del día 7 de febrero de 1934 sobre “el estado de anarquía en el campo de la provincia de Jaén”.
En las elecciones de febrero de 1936, que dieron la victoria al Frente Popular, fue incluido en la candidatura del Bloque Nacional por la provincia. Pese a obtener más de 130.000 votos no resultó elegido y no pudo revalidar su escaño como diputado siendo el ganador Bernardo Giner de los Rios, de Unión Republicana, con tan solo 6000 votos de diferencia.
El día 29 de mayo de 1936, poco antes de la sublevación fascista del 18 de julio, el periódico Democracia denunció la supuesta conspiración (en una casa de la calle Carrera/Bernabé Soriano) contra el gobierno de la República de un grupo de representantes del partido agrario, entre los que se encontraba León Carlos, Cos Serrano y otros individuos que se hicieron pasar por republicanos: “(..) El primer acto subversivo que realizarán los agrarios protestantes será oír una misa con extraordinario recogimiento. El segundo acto, hacer una visita a Nuestro Padre Jesús al que le expondrán con cierto resentimiento el extraordinario ridículo a que los ha llevado en las elecciones. El tercer acto será hacerle la tonsura a  Álvarez de Lara, previa entrega de todo el trigo que sus liberales disposiciones negoció, o indemnización metálica de él. Cuarto acto, ésta a cargo del público, recibir un puntapié en el ano, que los vuelva a las madrigueras de las que ya se atreven a salir juguetones por la tolerancia oficial que se les tiene. (...)”.
Tras el fracaso de la intentona golpista en la capital jiennense fue detenido y encarcelado por las fuerzas del Frente Popular siendo trasladado a principios de agosto de Jaén a Madrid junto a otros presos derechistas. El día 11 de agosto de 1936,  cuando el tren pasaba cerca de Villaverde, en las proximidades de Atocha, un grupo de milicianos exaltados detuvo el convoy e identificó a León Carlos junto a otros derechistas procedentes de Jaén. Acto seguido junto a la ladera de un pequeño monte fueron pasados por las armas. Contaba con 52 años de edad, casado y con varios hijos.
En la sesión ordinaria del día 13 de mayo de 1939 el alcalde Buenaventura Rueda Puerma presentó una moción para que se restableciera y restaurara la lápida que en su memoria se colocó en su día en la casa que le vio nacer y que fue destrozada durante el Frente Popular: “(...) En su patria chica, en el pueblo que le vio nacer y al que tanto amaba, en el que se meció su cuna y pasó su juventud, fue arrastrada por todas sus calles, manchándolas con ello, una lápida que costeada por muchos buenos hijos ilustres de este Pueblo, fue colocada en la casa donde aquel naciera. Y os propongo: esa lápida debe ser inmediatamente restaurada y vuelta a colocar. Es un deber nuestro de perpetuar la memoria de aquel mártir  que murió por Dios y por la Patria, por lo que debemos sentirnos orgullosos. Y como sé que muchos hijos de este pueblo están dispuestos a coadyuvar a esta obra, creo lo más conveniente que del seno de esta Corporación se forme una comisión que se encargaría de llevar a efecto esta propuesta. El Ayuntamiento también debe de coadyuvar a ello y para tal, os pido que encabece una inscripción con la cantidad que vosotros creáis conveniente.
Si vosotros, como espero, os dignáis a aprobar la moción anterior, os pido por último que en nombre de este Ayuntamiento, se dirija a la Noble Dama, a la mujer que con tanta resignación está soportando el profundo dolor causado en su alma por pérdida tan irreparable, a la ilustre viuda del fue nuestro amigo entrañable, copia literal de esta moción dándole el más sentido pésame en nombre del mismo, haciéndola saber, para que le sirva de lenitivo, que el recuerdo de la víctima perdurará para siempre en nuestra memoria y que siempre estará presente de nuestro afán”.
Finalmente la Corporación municipal en pleno acordó por unanimidad dar el nombre de León Carlos Álvarez Lara a la antigua calle d. Martín, actualmente Hispanidad.
Finalizo con esta breve pero interesante biografía expresando mi más sincero agradecimiento a la antropóloga Jenny Masur, al historiador Francisco Martín Rosales por su ayuda desinteresada, al abogado Rafael Álvarez de Morales, con el que me une una estrecha y sana amistad desde principios de los noventa, y al que tanto le debo sobre el conomiento y compresión de la historia local y, como no, al Ayuntamiento de Castillo por facilitarme la consulta del archivo municipal. 

Fuentes usadas:

Archivo Histórico municipal de Castillo de Locubín.

Mi archivo fotográfico y documental.

Luis Miguel Sanchez Tostado, Víctimas: Jaén en guerra (1936 - 1950). Edita. Ayuntamiento de Jaén. 2005.

Leandro Álvarez Rey, Los diputados por Andalucía de la Segunda República, 1931-1939. Fundación pública del Centro de Estudios Andaluces. 2009.


miércoles, 1 de mayo de 2019

La historia siempre llega con retraso



Juan Manuel Olarieta


Al principio de todo, es decir, en 1939 la guerra civil no se llamó así porque había sido bendecida por dios para librar a los españoles del comunismo. Fue una cruzada o, al menos, es lo que enseñaban los libros de historia que, como toda historia, es “partidista”, es decir, que toma partido, en este caso por los vencedores. La cruzada se reivindica a sí misma. No se pueden repudiar las muertes que han sido sacralizadas.

Después llegó una época en que la historia cambió. Fue a finales de los sesenta con obras de gran éxito editorial como “Los cipreses en Dios”. Se empezó a hablar de guerra civil en el sentido más propio de la palabra porque aquello había sido una guerra fraticida, entre hermanos. Fueron los tiempos de la “reconciliación nacional” que prepararon la transición.

Los españoles, seamos fascistas o antifascistas, somos hermanos ante todo y los hermanos no se deben pelear nunca. La guerra civil se negó a sí misma porque, como todo derramamiento de sangre, las guerras no son buenas, sacan lo peor del ser humano. Ambas partes cometieron horrendos crímenes. Si unos eran malos, los otros no le fueron a la zaga.

Entonces los campos se dividieron. Algunos antifascistas se traicionaron a sí mismos. Se lo creyeron porque lo necesitaban para su claudicación. Pero sobre todo era imprescindible para el otro bando, los fascistas, que no se lo creyeron sino que se aprovecharon de ello para ocultar las raíces de su legitimidad, que están en la guerra civil, es decir, en una masacre.

La reconciliación nacional y la transición aparentaron sellar una cadena de pactos de los que la mayor parte de las veces sólo se habla para referirse a los de la Moncloa, la Constitución, los Estatutos de Autonomía o los pactos sociales.

Es falso. No hubo más que un único pacto que fue el del silencio, el de enterrar la memoria histórica para siempre y el de arrojar tierra encima de las tumbas y de las cunetas.

Cuando hablamos de pacto caemos en el error de suponer, además, que los firmantes, los fascistas y antifascistas, están equiparados, que firman sentados sobre una mesa de negociaciones. En la transición no hubo nada de eso. Unos (antifascistas) claudicaron frente a los otros (fascistas), con el agravante de que esta vez no necesitaron ser derrotados porque se vencieron a sí mismos.

Pero la historia no se puede cerrar en falso. No se puede tapar ni con mentiras ni con ocultaciones, como explicaron Marx y Engels, por lo que llegó el momento de la memoria, de rescatar la verdad y exhumar los cadáveres.

Como la verdad es revolucionaria conduce a la revolución, por lo que el partidismo vuelve, esta vez del lado de los antifascistas, aunque con 80 años de retraso.

Al partidismo sobre la guerra civil le está siguiendo -inevitablemente- el de la guerrilla antifranquista, también con retraso. Los maquis ya no son delincuentes; los delincuentes fueron los franquistas. La historia avanza -inexorablemente- y está llegando ya a los campos de concentración, los fusilamientos y la lucha clandestina porque la posguerra fue aún peor que la guerra.

Después le tocará el turno a la transición y dentro de algunas décadas la historia dirá otra verdad partidista y revolucionaria: que la transición no fue ni modélica ni pacífica, que hubo quienes lo dieron todo por continuar la lucha antifascista en las condiciones más difíciles, que fueron perseguidos y asesinados por los mismos de siempre y que a ellos se le sumaron los vendidos y los renegados de todos los colores.

La historia te lo da y te lo quita todo, pero siempre con retraso. Esa es la diferencia entre ella y la política, entre el pasado y el presente, entre la teoría y la práctica, entre la retaguardia y la vanguardia.

A diferencia de los revolucionarios, los académicos pueden esparar, no tienen prisa. Los documentos y los legajos tardan en perder su secreto para llegar a los archivos. Hay otros que jamás aparecerán, pero la lucha no puede esperar sentada a que lleguen los arqueólogos. Ni siquiera puede esperar a las bibliotecas porque no es lo mismo hacer la historia que escribirla.

Para hacer historia a cada cual le basta con saber que ha tomado el camino correcto (que es el de la lucha), que está con las masas porque son ellas quienes la hacen y no las élites, los personajillos y los fantoches que la televisión encumbra en cada momento.

Esto es lo elemental, lo que todos saben o deberían saber. Sin embargo, a cada paso nos encontramos con lo contrario: con toda esa calaña que desprecia e insulta a las masas porque no votan a quien deberían, mientras elogian al primer patán que aparece ante los micrófonos. Pues bien, el futuro no pertenece a éstos sino a aquellos, los despreciados. Son ellos quienes hacen la historia y son ellos los que merecen toda la atención.

https://movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com/2019/04/la-historia-siempre-llega-con-retraso.html?fbclid=IwAR03g7XnskG1-gDAFabfKatjmkZZmmMXpZLPwykFi_dwlR8ECaUMbeyiEfo

martes, 16 de abril de 2019

Jueves Santo. Elección de alcaldes en el Ayuntamiento castillero.




" D. Ezequiel está la mar de fino. Esta mañana me invitó a estar con la comisión del Ayuntamiento. Comulgar bien pocos lo hicimos.
Esta tarde ha habido el gran jaleo. Era la elección de alcaldes, y era pública y nos dio la mala idea de asistir. Por mayoría aplastante fue elegido D. José Álvarez y los “Chamarizos” han quedado aplastados. Después del escrutinio D. José Álvarez pronunció su discurso, y al finalizarse, los obreros de la carretera, que se los habían traído, le dieron muchos vivas y le aplaudieron mucho. Y en esta confusión se oyó una voz: “¡Viva la República!” y otra: “¡No queremos falsedades!”. Un revuelo terrible, cinco o seis tíos que se tiraron por los balcones del salón de sesiones y varias herramientas que salieron a relucir: ¡Muera el abogado! (por Manuel Peinado), y Rafa Moyano y yo que nos metieron en rincón y si no conseguimos meternos en el despacho de la alcaldía nos hubieran pisoteado. Un caso gracioso, Miguelito González, tan largo, con cara de difunto, los brazos abiertos y empujando a un montón de tíos. A “Pepe Mata” lo zalearon y le dijeron que los chaveas a la escuela. D. Camilo dando voces y D. Ezequiel diciendo que metieran en la cárcel al abogado. Los obreros querían lincharlos; pero los sostuvo la Guardia Civil. Juanito Álvarez (el compañero de Miguelito) dice que no vuelve a meterse en politiquerías ni atado". 


Federico Parera, 2 de abril de 1931.

jueves, 21 de marzo de 2019

Sobre los orígenes del coto de pesca del río San Juan. Las primeras truchas y cañas de pescar.




"(...)Ayer se levantó la veda de la pesca fluvial y por primera vez se han visto cañas de pescar en las márgenes de nuestro río San Juan, que desde hace unos años fue poblado con alevines de truchas, de las que gracias al celo de la guardia civil y guardas forestales, hay ejemplares dignos de las cañas más exigentes.

Pese a la inclemencia del tiempo, estuvo todo el día lloviendo, se desplazaron numerosos pescadores forasteros, que suponemos harían una gran pesca, toda vez que cogerían a las truchas inocentes de lo que es un anzuelo con cebo, acostumbrados a ser cebadas por los vecinos, que al pasar por los puestos, les tiraban migajas de pan. Esperamos que cuando el tiempo sea más benigno, aumente el número de deportistas que nos visitan y admiren al mismo tiempo las bellezas de nuestro río que tiene una ribera incomparable y bordeada por la carretera desde el término de Alcaudete hasta el nacimiento del mismo casi lindando con el término de Alcalá la Real.

A todos los aficionados les damos la enhorabuena y deseamos una feliz temporada de pesca".

Castillo de Locubín. Marzo de 1972.

domingo, 10 de marzo de 2019

Emilia Pardo Bazán sobre el "monstruo de Locubín", el cura Anguita.




Julián Anguita García fue coadjutor de la Parroquia de San Pedro Apóstol de Castillo de Locubin, nacido y criado aquí. Murió condenado a garrote vil en la cárcel baja de Granada, tras descubrirse ser autor material del crimen de su padre, Antonio Anguita Castillo. Los hechos tuvieron lugar en 1898 cerca del cortijo de Pedernales, término de Moclín. Pero se planearon en Castillo de Locubin. En medio un pleito con el cacique del pueblo, Antonio Castillo Hidalgo, por unas tierras. Aunque no sabemos nada realmente sobre aquel pleito.
Estuvieron implicados su madre María Serafina García y sus tíos Cándido y Miguel.
Escribieron un libro anónimo a finales de la dictadura de Primo de Rivera titulado "El monstruo de Locubín".
Aquellos hechos tuvieron un gran calado mediático en la prensa nacional y demás medios de comunicación.
La escritora Emilia Pardo Bazán, en su defensa del feminismo y en su denuncia contra los asesinatos de mujeres, refirió los sucesos ocurridos en Castillo de Locubín a finales del siglo XIX en la revista La Ilustración artística:


El “mujercidio” siempre debiera reprobarse más que el homicidio. ¿No son los hombres nuestros amos, nuestros protectores, los fuertes los poderosos? El abuso de poder, ¿No es circunstancia agravante?. Cuando matan, a mansalva, a la mujer, ¿No debería exigírseles más estrecha cuenta? Y sin embargo, los anales de la criminalidad abundan en mujercidios, impunes muchas veces, por razones especiosas, mejor dicho, por sofismas que sirven para alentar al crimen. Así como el cura del Castillo de Locubín creía que por ser sacerdote no iría al patíbulo, el hombre, en general, cree vagamente que por ser hombre tiene derecho de vida y muerte sobre la mujer. Los resultados de esta creencia los vemos diariamente. ¿Hasta cuándo durará esta racha de pasión tan últil para los cuchilleros y los armeros que venden revólveres baratos? .


BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES:

Emilia Pardo Bazán, La Ilustración artística. Barcelona. 22 de julio de 1901.

Anónimo, El monstruo de Locubín. Edit. La novela vivida.